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10 May

No rompas esa guitarra

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Chris Cornell es, quiero decirlo para comenzar, un tipo que tengo en alta estima.

Esa estima, sin embargo, no tiene tanto que ver con lo que sin dudas fueron sus mayores “éxitos musicales”: Soundgarden (banda que aunque me cae bien pero no me atrae demasiado) y Audioslave ( fusión sin dudas fenomenal entre la base de Rage Against The Machine y la gran voz de Cornell con resultado explosivo: una verdadera fiesta de riffs). Tiene su razón de ser, en cambio, en un disco que grabó como solista entre medio de esos dos proyectos. Se llama Euphoria Morning y, aunque es mucho menos conocido, creo que es de lejos lo mejor que hizo. Un disco con matices, pensado, trabajado, donde se intentan correr riesgos y sin embargo no deja de hacerse de la mejor manera lo que “se tiene” que hacer. Un disco, además, adonde la voz de Chris Cornell aparece mejor que nunca, con líneas melódicas bien armadas y mejor ejecutadas aún.

Quizás eso explique por qué el año pasado realmente me asusté. Por la televisión pasaron un nuevo video y, de repente, Chris Cornell había cambiado. “¿Qué pasa?” dije, mientras Chris cantaba sobre una base electrónica digna de Jay-Z. “¿Qué pasa?” repetí al ver a Chris manejar un descapotable, al ver a Chris junto a una chica -una vez más- digna de Jay-Z. Me asusté, pero bueno, lo dejé pasar. Al menos hay un cuadro de Jackson Pollock en el video, pensé.

Pasó el tiempo y hace unos días decidí finalmente escuchar el disco del cual salía ese corte. “Scream” se titula y si, dan un poco de ganas de gritar, pero no precisamente de placer.

¿Por qué? La imagen de tapa es perfecta para explicarlo. Chris Cornell, en pleno salto, está a punto de destrozar una guitarra eléctrica contra el suelo. Pero no la va a destrozar tal y como se podría pensar. No señor, porque no estamos en presencia de la clásica y rockera “muerte ritual” de la guitarra; asistimos, por el contrario, a su muerte real, concreta. Lo que la tapa anuncia es que se trata de un disco donde la guitarra -y todo lo que ella puede simbolizar- están absolutamente dejados de lado. Y vaya que es una lástima.

Bueno, dirán, pero eso no es necesariamente malo. Es aceptable y hasta elogiable que un músico intente ir más allá de los géneros. Y yo respondería: ¡claro que sí! Es más, creo que es eso lo que en parte explica que me guste tanto Euphoria Morning. Ahora bien, sepan disculpar si creo que en este caso Chris realmente pifió el camino.

Porque para salirse un poco del rock no se le ocurrió mejor idea que salirse del todo e irse a trabajar junto a Timbaland. ¿De quien estamos hablando? No es un parque de diversiones en Disney, no es una marca de ropa (aunque capaz tiene algo que ver, todo es posible en el mundo de los negocios), es un productor de música. Mejor dicho, uno de los varios productores estadounidenses que, salidos del mundo del hip-hop, aprovecharon su fortuna para pegar el estirón y producir… más hip-hop.

Parte de una élite junto a Pharrell Williams (fundador de N.E.R.D.) y P. Diddy (o como quiera que se llame al día de la fecha), Timbaland tiene en su haber éxitos de Missy Elliott, Jay-Z, Ludacris pero también de Ashlee Simpson y Justin Timberlake. Un verdadero prontuario, con una pequeña excepción: su colaboración en tres temas de Volta, último disco de Björk.

¿El resultado?

Resultado uno, el musical: un disco en el cual Timbaland y Chris Cornell, en intensa colaboración, básicamente se las arreglan para crear una música chata, repetitiva y sin ningún tipo de emoción (justamente uno de los méritos más grandes de Cornell como cantante). Imposible de escuchar entero en estado consciente, Scream es un grito a la música, un grito para que aparezca de una buena vez, porque no se sabe dónde la escondieron.

Resultado dos, el que más me preocupa: un disco que sólo sirve para acrecentar el prestigio que éstas figuras como Timbaland, musicalmente tan poco interesantes, tienen dentro del medio yanqui. Creo que es una pregunta interesante para hacerse: ¿cómo es posible que tipos así sean tan reconocidos?. Por supuesto que hay una cuestión de dinero. Pero eso no es todo, como lo demuestra este disco, porque si hay algo que Chris no debe tener son problemas monetarios.

Resultado tres y final: un disco en el cuál Chris Cornell da un verdadero paso en falso. Yo propongo perdonarlo, hibernando con Euphoria Morning a la espera de un nuevo verano musical de Chris.

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Categories: Crítica
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  1. May 16th, 2010 at 23:23 | #1

    Es interesante ese proceso por el cual un género, como en este caso el hip-hop, surge de un ámbito popular, alcanza cierta difusión, es tomado por las grandes discográficas que lo masifican y lo resignifican, y luego se extiende como modelo hacia otros artistas. En ese recorrido hay elementos que se pierden y otros que se mantienen, probablemente resignificados.
    Enfoque darntoniano el mío.

  1. May 27th, 2010 at 00:17 | #1