Música en el Bicentenario, parte 2
Al leer este post, publicado hace unos días, mi hermana comentó:
lo que no escuche fue ni regeton ni cumbia, hubo discriminacion?? esto no es musica popular tambien? o masiva?
Esto me puso a pensar. En primer lugar, deseché el tema del “reguetón” o “reggaeton”, porque creo que es un género demasiado nuevo, por lo menos en estas costas, como para ser considerado dentro del acervo musical popular argentino. Acaba de salir el nuevo disco de Andrés Calamaro en el que el corte difusión cuenta con una participación de René Pérez Joglar (más conocido por su apodo «Residente») de Calle 13, y parece que el género reguetón está pisando fuerte en nuestro país, pero un análisis del mismo en el contexto del Bicentenario requeriría de la presencia de una producción local más abundante.
Ahora bien, en el caso de la cumbia, sí estuvo presente en el Paseo del Bicentenario, aunque es cierto que un tanto marginalmente en los escenarios secundarios (creo que sólo Los Palmeras tocaron en el “Escenario Federal” por la provincia de Santa Fé). Lo que faltó, en todo caso, fue la cumbia villera. Reflexionando acerca de esta situación, se me ocurrió que tal vez la ausencia de cumbia villera y de otro sub-género, el que se conoce habitualmente como “rock chabón”, se debía a una decisión política por parte de los organizadores de los espectáculos del Bicentenario. El gobierno nacional, desde la llegada al poder de Néstor Kirchner, se identificó con lo que se ha dado en llamar “el espíritu setentista”. El término es vago, pero en materia cultural creo que significa rescatar la producción de artistas que adquirieron prestigio (siguiendo la idea de Julián) durante la década de 1970 (un prestigio que les fue otorgado principalmente por la izquierda nacional e internacional), y otros artistas, herederos en cierta forma de la tradición del rock nacional de los ’70, también asociados con el retorno de la democracia y la Primavera Alfonsinista.

Salvo escasas excepciones (Kapanga, Karamelo Santo, bandas más asociadas si se quiere a un estilo latinoamericano), faltaron en el cronograma del Bicentenario músicos que hayan alcanzado masividad durante los ’90. Más precisamente, músicos de géneros como la cumbia villera o el rock chabón. Me parece que en algún lugar no explicitado se asocian estos géneros de los ’90 al neoliberalismo, al menemismo, al desmantelamiento del Estado y la desarticulación de la sociedad. No porque la cumbia villera o el rock chabón se inscriban ideológicamente en el neoliberalismo, sino porque sus letras y contextos conforman una expresión bastante cabal de las consecuencias de las políticas sociales y económicas aplicadas por el menemismo (políticas arrastradas desde la dictadura del ’76, vale aclarar).
Tengo la idea y la sensación que los organizadores del Bicentenario, imbuídos en el “espíritu setentista”, dejaron afuera adrede estas expresiones musicales que ponen en primer plano todo lo que significó la década del ’90, como queriendo hacer un corte: el rock nacional, la música popular que reivindicamos, llega hasta los ’80; lo que vino después es digno de olvidarse y no puede formar parte del proyecto de país que proponemos.
Si ése es el caso, debo decir que estoy de acuerdo con superar el modelo neoliberal, pero nunca se pueden hacer a un lado expresiones populares, por más asociadas que estén a situaciones que no nos gustan, más si reflejan contextos que todavía existen.
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En primer lugar, el reggaeton no probó todavía ser un género de música perteneciente a la cultura popular. Sí a la masiva. Pero al plantear esa diferencia entramos en un terreno escabroso que sólo podría allanarlo el liliputense iluminado de Pablo Alabarces.
Igual aprovecho para decir también que Calle 13 no hace reggaeton. Y además, no conozco ningún artista argentino que haga reggaeton como para invitarlo. Tampoco sé mucho del caso. Sí, Pablo Milanés tampoco es argentino, lo sé. Pero es más nuestro que Wisin y Yandel que van a terminar como Cirilo y Siracusa en cuanto se les acabe el cuarto de hora.
De todas formas disiento en un par de cosas. La cumbia villera no la bancaron por evidentes razones. Tal vez el único bancado por los mass media es Pablo Lezcano. Es esa cosa lumpen que le agrada a los medios como Pity. Pero no sé si en el Bicentenario se hubiese tolerado que alguien diga “yo quiero tomar vitaminas”.
El rock chabón está, sencillamente, volviendo de la costa. Y está por Dolores… agarra la ruta 2 en cualquier momento y no existe más. Viejas Locas directamente tiene un líder que no dejará herederos de sangre por su problemita en el amigo engangrenado y los herederos musicales que dejó no son ni la mitad de lo de antes: Jóvenes Pordioseros (RIP), La 25 (con ACV), Callejeros (con toda la banda procesada y uno… dos veces)… ¿quién los iba a llamar?
Todos estamos seguros de que La Renga no es rock chabón y tiene un sonido ya bastante personalizado, suena a La Renga. Y el que no coincide, Segurola y La Habana.
De todas formas no creo que hayan hecho un análisis tan rebuscado como el tuyo Francisco. Me parece que dijeron:
- ¿Llamamos a Toti Iglesias y los del desierto?
- No, ni da, no convocan muchos y son horribles.
- Entonces Callejeros
- No da, es para quilombo.
- Sí, tenés razón.
- Bueno, La Renga, ellos apoyaron la ley de medios.
- Podrían no confirmar. Pero de hacerlo, se nos llena de negros el obelisco
- Ya van a haber negros
- Sí, bueno, pero más negros… y más barderos, más borrachos.
- Está bien, llamá al Indio…
- ¿Vos me estás cargando?
- Bueno, llamalos a Ricardo y a Diego que siempre les encantó tocar con los gobiernos de turno…
Yo creo que hay un poco de ambas cosas. Por un lado el recorte que buscó el gobierno, que pretendía dar la idea de pluralidad al tiempo que se demarcaba un grupo de artistas que apoyan (más o menos) al gobierno. Por otro lado debe haber habido consideraciones con respecto al público que atraen ciertos grupos, quizás “demasiado” popular. Si te lo ponen a Pablo Lezcano lo ponen cantando con Kevin Johansen, pero no traen a Damas Gratis porque (quizás) tienen miedo de lo que el público de cumbia villera “suelto” en la 9 de julio pueda generar.
Con lo del rock chabón creo que tiene influencia lo que dice Mauro de que está medio caído.
Otra cosa, de metal no hubo nada, no?
Un par de cosas…
Primero, que el análisis está hecho sobre el “resultado puesto”. Es decir, desconozco los entretelones de la organización de los festejos. Tal vez hayan invitado a participar a una cantidad de artistas significativos que por la razón que fuera declinaron la invitación. No lo sé. De todas maneras, sospecho que el clima general hubiese sido más o menos el mismo.
Segundo, creo que la vigencia o popularidad de un género no fueron determinantes al armar las grillas. Hubo bandas o artistas que tuvieron su cuarto de hora hace más de 20 años, y sin embargo estaban presentes.
Tercero, tal vez haya habido resquemores con respecto al tipo de público que pudiera concurrir a un recital de Damas Gratis, por ejemplo. Es de esperarse. Sin embargo, me parece que un set de tres temas como presentaron otras bandas tampoco hubiese cambiado mucho la situación.
En definitiva, es claro que faltaron artistas, géneros, etc. No pretendo discutir la pertinencia de la selección, sino tratar de entender el recorte que se realizó.
Claro, coincido en que llamaron a algunos que hace más de 20 años que no llenan ni La Alameda, pero los llamaron por el capital simbólico. Del cual, el rock chabón mucho no puede hacerse cargo. No estoy diciendo que yo sé que este u aquel tiene o no tiene capital simbólico. Para mi Sandra Mihanovich es un pelotazo en la ingle, pero bueno, ellos entienden que no. Igual que Juana Molina. Me gusta David Byrne y los Talking Heads también, pero no su apadrinada que lo mejor que hizo fue “Juana y sus hermanas” por más que reniegue.
De todas formas yo hubiera hecho lo posible por llamar a La Renga. ¿Se imaginan cerrar un bicentenario de la Revolución de Mayo con “Hablando de la libertad”?
Y MORIR QUERIENDO SER LIBRE, ENCONTRAR MI LADO SALVAJE
PONERLE ALAS A MI DESTINO
ROMPER LOS DIENTES DE ESTE GORILAJE…
Ahí Chizzo cambia la palabra engranaje y justito bajan los cadáveres de Cobos/De Angeli/Carrió/De Narváez/Macri/Prat Gay etc. y un cartel que dice: “Sí, entramos en guerra civil”
Y cae Moreno y empieza a repartir armas y se arma un quilombo bárbaro.
Bueno, me fui al carajo.
Jajajaja, buenísimo!!
Aparte de eso, “capital simbólico” era el término que me faltaba.
La cuestión es que en el “criterio de selección” se entremezclan dos perspectivas distintas. Por un lado, como bien decís, el llamado a una cierta idea sobre la música que de alguna forma los sesenta/setenta representan. En ese sentido, la idea que yo había planteado de prestigio no tenía que ver con un vínculo directo entre ciertas personas y una época sino más bien se refería a un espíritu al que se remite de una manera u otra a la hora de componer. Por citar un ejemplo, Fito Paez es un músico de los ochenta y los noventa (El amor después del amor es de 1992), pero ese espíritu que reinvidica la calidad artística a nivel de música popular -de difusión masiva- atraviesa sus canciones.
Por otro lado, un acto como el del Bicentenario requiere llamar a músicos populares, capaces de atraer a una gran cantidad de público. Al respecto, creo que tomaría con pinzas lo que dice Andy, porque en general los comentarios que escuché sobre la “composición social” de esos millones de personas que fueron a los festejos hablaban a las claras de una participación verdaderamente “popular”.
Entonces la cumbia, el reggaeton o el rock chabón son un problema grande, ya que si bien están estrechamente vinculados con las políticas neoliberales de las últimas décadas no por eso dejan de ser discursos representativos para mucha gente. En ese sentido, una situación como la del 25 de mayo abre la discusión sobre cuales deberían ser las políticas culturales del Estado al respecto.
Sí, el público que asistió era bastante popular, pero evidentemente no es lo mismo que si hubieran tocado Los Redondos, por poner un ejemplo quizás extremo. Capaz de los que fueron había una bocha de gente que le gustan los redondos y también muchos que les gusta la cumbia villera, pero no es lo mismo si tocan esos grupos que si toca el Chaqueño Palavecino o Fito Paez. En principio porque a nivel simbólico, el artista que convoca no les dice lo mismo. Pero seguramente también hay otros aspectos que ahora no podría precisar que hacen diferentes las situaciones.
Capaz el público estaba lleno de “pibes chorros”, pero quizás intencionalmente se procuró invitarlos no como “pibes chorros” sino como “el pueblo que festeja junto a la Sole y al Chaqueño”.