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22 Jun

¿Qué es un clásico?

Eric Hobsbawm

Eric Hobsbawm

Esta reflexión no tiene que ver con la música, pero quizás sirva de disparador para pensar el mismo tema en relación con la música.

Ya no recuerdo cómo me puse a pensar en qué hace de una obra historiográfica un “clásico”. Creo que en la literatura historiográfica (y posiblemente en otros ámbitos también), un clásico es una obra que genera debate. Una obra cuyas premisas pueden ser objeto de revisión e incluso refutadas varias veces, pero constantemente, al releerlas uno advierte que conservan un núcleo de verdad. Puede ser que se apoye sobre premisas falsas o dudosas, que utilice un lenguaje anticuado o políticamente incorrecto, que no se ajuste a los estándares modernos de la academia, pero en el fondo siempre reserva un pequeño núcleo de indescriptible verdad.

Pienso en grandes clásicos como La formación de la clase obrera en Inglaterra de Thompson, Los Reyes Taumaturgos de Bloch, Estudios sobre el desarrollo del capitalismo de Dobb. Incluso en aquel breve artículo de 1954 donde Hobsbawm sugería la existencia de una crisis general en el siglo XVII, tema debatido largamente por múltiples autores y que sin embargo, cuando uno vuelve a leerlo se encuentra con una síntesis clara y explícita de aquello que costaría ríos de tinta discutir en las décadas posteriores.

Uno revisita estos clásicos y pareciera que a cada paso se encuentra con una frase trascendente, que en unas pocas palabras resume una lección de historiografía. Quizás haya un poco de tautología en esto: después de todo nosotros construimos nuestro mundo (historiográfico) sobre esos clásicos, sobre sus frases y sobre los debates que generan, y al volver sobre ellos nos encontramos con los orígenes de lo que estuvimos hablando todo el tiempo. Por ello seguramente la virtud del autor de un clásico sea aportar algo nuevo, generar un nuevo debate, y el resto de los mortales no hacemos más que pasarnos la vida reescribiendo a los clásicos.

Se podría extender esta idea a otro tipo de obras. La obra completa de Marx podría entrar perfectamente, pues a pesar de la rigurosa exégesis a la que fue sometida a lo largo del siglo XX, a favor y en contra, uno vuelve a ella y encuentra intacto ese núcleo de verdad.

Y me animo a decir que algo similar se puede pensar de los clásicos en la música aunque, claro, definirlo supondría meterse en el espinoso terreno de definir qué es la verdad en la música. Podríamos pensarlo como un tipo de “aura” y/o relacionarlo con la creatividad, la originalidad y la audacia. Aunque sea dificil de definir, se hace evidente que algo encontramos en esas obras clásicas cada vez que volvemos a ellas. Un núcleo de verdad, de autenticidad, de originalidad. Algo que las diferencia de las demás y que a la vez las ubica en los orígenes de algo nuevo: un debate, una forma, un estilo, un lenguaje.

20 Jun

¿Dejaremos de regalar música?

Compact Disc

Compact Disc

Esta pregunta me pasó por la cabeza ayer. Mi mamá había comprado un CD para una amiga, y volví a pensar hace cuánto que no compro uno. Hace unos cuantos años, con la proliferación de las copiadoras de CDs e Internet, dejé de comprar CDs para mí. Un poco más tarde, también dejé de comprar compacts para regalar.

La práctica de “regalar música” es bastante reciente. La posibilidad de regalar una copia de una interpretación de un determinado artista fue sólo posible con el desarrollo y difusión de los medios de reproductibilidad técnica que preocuparon a W. Benjamin y T. Adorno. Desde entonces los formatos de grabación y reproducción han ido cambiando, sobre todo en las últimas décadas dando lugar a otro fenómeno particular: ciertos registros musicales pueden dejar de ser reproducibles en la medida en que un determinado formato deja de ser utilizado.

La aparición de las computadoras, los formatos digitales de sonido e Internet ha producido importantes cambios en nuestra relación con la música. Particularmente interesantes son aquellos que tienen que ver con la posibilidad de compartir música. Estos cambios han alarmado bastante a las compañías discográficas, que intentan lo imposible por combatir la “piratería” (aunque algunas un poco más inteligentes empezaron a ver cómo adaptar sus modelos de negocio a la existencia de Internet).

Problemas similares se enfrentan las editoriales con los derechos de sus libros. Sin embargo hay algunas diferencias bastante importantes entre un libro y un CD. En primer lugar, su historia: hace siglos que existen los libros y los CDs son mucho más nuevos. En segundo lugar, no es lo mismo leer en papel que en pantalla, pero sí es lo mismo escuchar una canción de un CD que de una computadora (utilizando un formato que no degrade la calidad del sonido).

Esto me lleva nuevamente a la pregunta inicial: ¿dejaremos de regalar música?. En el corto plazo quizás no, aún se siguen vendiendo CDs y varios aún compartimos ese placer medio fetichista por la “cajita” y por el muchas veces muy elaborado “arte de tapa”. Pero en el mediano y largo plazo, los soportes como el disco, el compact o el DVD van siendo abandonados y los discos rígidos, los pendrives y las tarjetas SD van aumentando su tamaño y disminuyendo su precio. Además, mal que les pese a las discográficas, Internet se tranformó en un medio en el cual es cada vez más fácil compartir música. Si quiero que un amigo escuche un tema le puedo pasar un link de YouTube, mandarle un MP3 por mail o compartirlo en una red social como Last.fm. Incluso puedo compartir la discografía completa de la banda con un poco más de esfuerzo (que en poco tiempo seguramente será menor).

No quiero que se malinterprete. La gente ha compartido música de una forma u otra desde que ella existe, y no dejaremos de hacerlo. Tampoco porque no tenga ningún costo pasarle una obra a un amigo va a dejar de tener valor mi intención. Pero cuando pienso, por ejemplo, en un regalo de cumpleaños para un amigo, el disco está siendo cada vez una opción menos obvia y más dificil de justificar. Hoy en día, hay otra serie de cosas que considero antes -cosas que por una u otra razón no tenga, no pueda o no quiera comprar, y que le puedan gustar o servir. Mañana no sé si será una opción a considerar.

08 Jun

Diferentes conceptos de música popular

Uno de los temas de los que nos interesa hablar en este blog es de la música popular. Ya desde antes de abrirlo venimos discutiendo acerca de qué es la música popular y cómo la entendemos nosotros. De nuestras charlas, entre muchas cosas interesantes que dijimos, llegamos a la conclusión de que hay varios conceptos distintos de música popular. La idea de este breve artículo es sistematizar esas ideas, como base para futuras discusiones.

Música popular como música masiva

Música de difusión masiva

Música de difusión masiva

La primera y más sencilla de las acepciones de la música popular, es la que la piensa como música de difusión y consumo masivo. Según esta perspectiva, la popularidad de una obra musical puede ser medida generalmente en términos de ventas. También hay otras formas de difusión que eludirían el tema de la “venta”, como puede ser la descarga por internet, los conciertos en vivo, etc. Pero más allá de eso, este concepto de música popular es de caracter cuantitativo.

También según este concepto, la música popular se podría diferenciar de la “música de culto” (aquella que es “cultivada” por pequeños grupos de aficionados) u otros tipos de música que por distintas razones no sean cuantitativamente tan populares.

Música popular como música no escrita

Otra de las definiciones de música popular, quizás la más técnica y más estrictamente musical, es aquella que la distingue de la música de tradición escrita europea. En este sentido, hay toda una serie de condiciones de producción y ejecución muy significativas que diferencian al rock, el jazz o la cumbia, de la “música clásica” o “música de cámara”.

Desde esta perspectiva más musical, posiblemente se podrían establecer diversos matices o distinciones internas. Por ejemplo, el factor de la improvisación es clave en el jazz pero no en el rock. Otro tema a pensar es qué pasa cuando las obras de un artista de música popular adquieren tal complejidad que deja de ser factible su interpretación en público. Esto sucedió con los Beatles a partir de Rubber Soul y Revolver, como nos recordaba un artículo de Diego Fischerman. Este aspecto técnico/musical del concepto de música popular es el que nos lleva a pensar la relación (en algunos casos de contraposición) entre ella y la música clásica.

Música popular como música del pueblo

Every day I've got the blues

Every day I've got the blues

Por último, la relación de la música con su contexto social nos lleva a pensar en la idea de la música popular como música del pueblo. Hay un primer problema que es evidente: ¿qué es el pueblo?. Si pensamos al pueblo como el conjunto de los miembros de la sociedad, el concepto se acerca más a la idea de música masiva. Pero también está la acepción de pueblo como los miembros de las clases más bajas. Aquí llegamos al complejo problema de la relación entre cultura popular y cultura de élite.

En este punto hay dos elementos básicos a tener en cuenta: productor y consumidor. ¿La música del pueblo es aquella producida por el pueblo (por artistas miembros de las clases bajas) o consumida por él?. Ambas definiciones podrían ser válidas, lo mismo que las otras dos acepciones de música popular que vimos más arriba.

Entre la música de producción popular podríamos ver a las bandas de cumbia villera, surgidas de un entorno popular se constituyen en representantes de la cultura popular y expresan una serie de códigos, experiencias, problemas compartidos por las clases populares. También podríamos pensar en los primeros jazzistas y bluseros provenientes de las filas de afroamericanos pobres de Estados Unidos. En ambos casos, la música generada por las clases bajas fue acogida por las altas e incluso apropiada.

En cuanto a la música de consumo popular podríamos pensar muchos otros ejemplos, de artistas de rock o pop, que surgidos de la clase media o la clase alta, tienen una llegada particularmente significativa en las clases populares. Por ejemplo, el guitarrista Skay Beilinson es miembro de una familia bastante acomodada, y sin embargo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota es una banda de gran llegada popular.

Polisemia, madre del sincretismo semántico

Estas múltiples acepciones del concepto de música popular conviven en él, en constante relación. Como en un conventillo de sentidos, estas ideas se relacionan promiscuamente y dan a luz a ciertas confusiones. Muchas veces cuando discutimos cuestiones de música popular mezclamos estas ideas, porque ellas mismas aparecen mezcladas en la realidad. Los Redondos puede ser un caso de música de consumo popular, así como de música no escrita y masiva. No hay mucha dificultad en reconocer a la de esa banda como música popular. El tema se hace más complejo cuando se intenta analizar un caso de alguna banda que no cumple los requisitos de los tres conceptos. Por ejemplo, una desconocida banda de rock barrial puede ser música no escrita y de producción popular, pero no sería masiva. Por otro lado, el tango tiene orígenes claramente populares, pero algunos de sus representantes como Piazzola se han acercado a las condiciones de producción de la tradición escrita europea y a pesar de su increible (y merecida) difusión, probablemente no tenga mucha acogida entre las clases populares.

Estamos ante un tema complejo y muy interesante. No creo que ninguna de las definiciones aquí expuestas sea más válida que las demás. Mi intención era, fundamentalmente, explicitarlas para que las tengamos en cuenta en nuestras futuras discusiones, y nos aseguremos de estar hablando de lo mismo cuando hablamos de “música popular”.

23 May

Yo pisaré las calles nuevamente

Pablo Milanés y Silvio Rodríguez

Pablo Milanés y Silvio Rodríguez

De vez en cuando, algunas canciones me producen escalofríos. No de una forma negativa, sino todo lo contrario. Hay ciertas canciones que, por alguna razón, me conmueven muy especialmente y siento una electricidad que me recorre toda la espalda. Y, por lo general, es una sensación que se repite cada vez que escucho esa canción.

Anoche veía por la televisión el recital de Pablo Milanés en la 9 de Julio, en el marco de los festejos del Bicentenario. Lo primero que me resultó muy especial fue que tocara junto a León Gieco aquella versión de Carito que tocaran en ese maravilloso concierto que Pablo Milanés y Silvio Rodriguez hicieran en 1984 en Buenos Aires, recién vuelta la democracia.

Lo que no me gustó mucho del recital fue que Pablo parecía apurado y cantaba muy rápido todas las canciones. Pero cuando llegó Yo pisaré las calles nuevamente, no pude evitar sentir los mismos escalofríos que siento cada vez que escucho aquella versión de 1984.

Particularmente hacia la mitad de la canción, donde dice:

Yo unido al que hizo mucho y poco
al que quiere la patria liberada
dispararé las primeras balas
más temprano que tarde, sin reposo.

Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.

En la versión de 1984 el público estalla en un aplauso que es realmente muy conmovedor y no puedo evitar emocionarme.

Evidentemente, es una canción que me remite a un montón de cosas muy importantes para mí por mi historia familiar. Pero el hecho de poder volver a vivir esa experiencia tan intensa al escuchar unos pocos compases de una canción, me resulta sumamente interesante y me deja pensando sobre las capacidades del arte (y las experiencias estéticas en general) de interpelarnos tanto en un nivel emocional como crítico.

No tengo nada mucho más interesante para decir, de momento, pero me gustaría saber si Uds. tienen canciones que les generen una “electricidad” de este tipo.

Les dejo un video con la versión de esta canción de 1984.

20 May

Tapando baches

Sgt. Pepper's Lonely Heart Club Band

Sgt. Pepper's Lonely Heart Club Band

Siempre me gustó la canción Fixing a Hole de los Beatles. Hoy me desperté cantándola y se me ocurrió divagar un poco.

También he considerado siempre que tengo una limitación para entender la poesía. Desde el colegio cuando las veíamos en literatura, siempre mi primer comprensión era bastante superficial, y luego mis compañeros me hacían ver metáforas y significados más profundos e interesantes. Luego, algún día, aprendí que al arte se lo entiende disfrutándolo más que analizándolo, y me sentí un poco mejor conmigo mismo.

El primer guiño de complicidad que obtuve de esta canción fue por esa imagen obsesiva del tipo preocupado por un agujero que no lo deja pensar. Siendo una persona un poquito obsesiva, me divierten y me identifico con esas pequeñas manías que tiene la gente, y con esa necesidad de restablecer el orden del cosmos haciendo algo tan sencillo como arreglar un hoyo en la pared.
Pero los significados que podemos dar a esta canción no se agotan aquí.

Creo que esta canción habla de las cosas importantes de la vida y de tomarse el tiempo necesario para hacerlas. Tanto la melodía como la letra, construyen un narrador inocente, aniñado, que dice cosas quizás no tan inocentes. De esta manera, la canción se constituye en un muy bello ejemplo que recrea temas y recursos ya utilizados anteriormente por otras obras artísticas.

Esta cuestión de detenerse a arreglar un agujero por donde la lluvia se filtra (o las rajaduras de una puerta) es interesante porque tiene que ver con detenerse y enfocarse en aquello que hoy parece ínfimo, poco importante, pero que mañana podría ser determinante. Darse tiempo de ver el hoyo en esa pared o esa puerta que está allí, tan silenciosa, tan taken for granted, cumpliendo funciones simbólicas superlativas: delimitando el adentro y el afuera, marcando nuestro espacio, sostiendo el techo, permitiéndonos decidir a quién ver y a quién no.

También creo, y esto tampoco es novedad, que esta idea tan explotada del “detenerse en las cosas pequeñas de la vida”, lleva implícita una crítica a la modernidad. Desde los inicios de la modernidad, pero sobre todo desde el siglo XIX, el arte (en todas sus formas) se ha ocupado repetidamente de exaltar o criticar esta experiencia vital que tan bien describió Marshall Berman, excitante y angustiosa, alienante y realizadora, sumamente contradictoria, de los tiempos modernos. La velocidad de los cambios, el anonimato en la ciudad, la alienación en el trabajo. Obras como Fixing a Hole nos llaman a detenernos, parar ese ritmo avasallador, ruidoso y enajenante, y ver las cosas importantes de la vida. Arreglemos este agujero (significativo o insignificante) y permitámonos divagar (wander).

Más aún, el “narrador” que construye la canción es significativo (y cliche). Esa infantilidad que advertimos en la música, y también en la actitud juguetona de una persona que se pone a arreglar cosas insignificantes para pensar, que pinta la pieza de colores y que no le importa si está bien o mal, no le importa lo que los demás piensen. La mirada del niño es, en buena medida, una mirada al pasado, a las cosas importantes que la modernidad nos arrebata (recordemos la definición de Kant de la Ilustración como una salida de la autoculpable minoridad a través de animarnos a saber, sapere aude), a la inocencia perdida.

Probablemente otros entiendan otras cosas de esta canción. Yo la relacioné con estas cuestiones porque es where my mind is wandering these days. A continuación les dejo la letra y la canción, para que divaguen Uds. también y digan a qué los remite.

Fixing a Hole - Paul McCartney – Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band

I’m fixing a hole where the rain gets in
And stops my mind from wandering
Where it will go
I’m filling the cracks that ran through the door
And kept my mind from wandering
Where it will go
And it really doesn’t matter if I’m wrong
I’m right
Where I belong I’m right
Where I belong.
See the people standing there who disagree and never win
And wonder why they don’t get in my door.
I’m painting the room in a colourful way
And when my mind is wandering
There I will go.
And it really doesn’t matter if
I’m wrong I’m right
Where I belong I’m right
Where I belong.
Silly people run around they worry me
And never ask me why they don’t get past my door.
I’m taking the time for a number of things
That weren’t important yesterday
And I still go.
I’m fixing a hole where the rain gets in
And stops my mind from wandering
Where it will go.

16 May

El alma detrás de una nota

Anoche en una reunión con los compañeros de Escuchamos Voces, Leandro mencionó que desde los litigios entre Roger Waters y David Gilmour, el primero no puede interpretar ciertas partes de The Dark Side of the Moon. Más allá de si eso fue exactamente así o no, y de los detalles, me llevó a pensar varias cosas. Por un lado, se trata de un “album conceptual” que tiene una cierta unidad que, aún más que otros discos, vale más que la suma de sus partes. Piensese, por ejemplo, en The Dark Side of the Rainbow y hasta qué punto cada nota ocupa un lugar irremplazable y no puede ser desplazada sin afectar el sentido de ese “concepto” original.

Cuando uno piensa en un concierto en vivo, en algún nivel cada ejecución es única e irrepetible, y supone una experiencia estética distinta de la de escuchar el disco en casa (¿sino por qué vamos al concierto, solo para verle la cara al artista?). En casos de discos conceptuales como éste, donde el sentido de la obra se supone que es reconstruido al escuchar la totalidad más que las partes por separado, esto se hace más evidente.

Pero The Dark Side of the Moon no sólo es una obra conceptual. Como cualquier obra, tiene su historia. No es sólo una idea concebida por Pink Floyd. Es un disco que fue vendido masivamente y que representó un montón de cosas para un montón de gente. No solamente es una obra a la que, como todas, quienes la escuchamos le atribuímos un determinado sentido. Es una obra que tiene un sentido en la historia de muchos de nosotros, y que existe en nuestra memoria, asociada a recuerdos, sensaciones, experiencias. Además, al ser un disco (distribuido, copiado y re copiado en todos los formatos), muchos lo hemos escuchado una y otra vez, al punto de que hemos internalizado muchas notas, compases, estribillos. Son, de hecho, parte de nosotros.

Anoche cuando Leandro comentaba este tema, pregunté ¿se imaginan si Waters no pudiera usar el grito de The Great Gig in the Sky?. Sería como sacar el “dream” de The Gunner’s Dream: esa voz que, como en un sueño, se convierte en un saxo; en un Si que prolonga el punto más alto de la utopía del artillero. Sería como escuchar Penny Lane sin la trompeta o Thunderstruck sin el riff de Angus Young. Podría ser trágico, o no, pero sin duda sería otra canción.

¿Qué otros ejemplos se les ocurren? ¿Qué otra melodía, riff, solo o letra tienen internalizada como parte de sí mismos?

Les dejo estos ejemplos que mencioné en video, porque siempre es lindo recordar esos sonidos que tenemos grabados, y revivir esas historias a las que están asociados.

Artista: Pink Floyd
Título: The Great Gig in the Sky
Álbum: The Dark Side of the Moon

Artista: Pink Floyd
Título: The Gunner’s Dream
Álbum: The Final Cut

Artista: The Beatles
Título: Penny Lane
Álbum: Magical Mistery Tour

Artista: AC/DC
Título: Thunderstruck
Álbum: The Razor’s Edge

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