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21 Jun

Gestalt

(Una pequeña reflexión a partir del recital de Brian Storming del jueves 17 de junio en Thelonius)

En épocas de fervor mundialista, de alta y peligrosa exposición al eximio periodismo deportivo que representan Titi y Benedetto, de profundas discusiones sobre el fin de la figura del Estado-nación y la nueva configuración en grandes bloques regionales (los lationamericanos agrandadísimos porque estan invictos), se ha vuelto central para todo hincha argentino la cuestión de encontrar “el equipo”. Porque la selección, se ha dicho, tiene grandes jugadores, pero eso no asegura su conformación como un verdadero equipo, capaz de desplegar un juego de calidad, de alto vuelo. Es la vieja idea de que el todo es siempre (bueno, o casi siempre) más que la suma de las partes.

Ustedes preguntarán ¿y qué tiene que ver todo esto con la música? O más lejos aún, ¿qué tiene que ver puntualmente con un recital de Brian Storming?

Es que Brian Storming es una banda que tiene todos (o al menos gran parte de) los elementos necesarios para hacer algo interesante. Tiene músicos que -se nota- saben tocar. Tiene un cantante al menos correcto. Tiene el aporte de algunos sonidos electrónicos. Tiene, y esto no es menor sino más bien importantísimo, una serie de “referencias” tan claras y definidas como propias que van desde Tom Waits hasta Massive Attack y desde los arreglos vientos de George Martin para los Beatles hasta Portishead. Tiene todo eso, es cierto, pero no “genera”, no “transmite” prácticamente nada.

¿Es un problema de composición de los temas desde el vamos? ¿O hay desaciertos en los arreglos? ¿Es el cantante, que en su única disposición termina por volverse monótono? ¿O es el guitarrista que, como muchos, se contenta con “cumplir” y no “arriesga”?

Probablemente sean esas cosas y también algunas otras que no me voy a poner a enumerar acá o que ni siquiera se me ocurrieron. Lo que quiero señalar acá es que la música, como el fútbol (y por supuesto como muchísimas otras cosas), supone el juego de un determinado número de elementos -más o menos variables. Pero que su mera presencia (la de esos elementos) no necesariamente implica el mejor resultado posible.

Porque la música exige en definitiva, tanto como lo hace un “equipo”, esa aparición de un “algo más”, de un “todo” que no sea solo “la suma de las partes” sino el producto de una adecuada combinación, del establecimiento de criterios de ejecución realmente colectivos y del ajuste de las acciones individuales a las necesidades grupales.

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27 May

En busca del tesoro perdido

En un post anterior mencionaba una serie de figuras del medio musical estadounidense como Timbaland, Pharrell Williams y P.Diddy. Lo que me llamaba la atención era el prestigio que éstos personajes tienen dentro de ese espacio. Prestigio que, más allá de sus méritos comerciales, pareciera responder a criterios musicales. ¿Cuáles son esos criterios? ¿Cómo funciona el medio que los crea? Sentía que había una lógica que se me escapaba.

Entonces estuve pensando y lo primero que descubrí, hace unos días, es que esa dinámica no es en absoluto exclusiva del mercado yanqui. En cuanto lo pensé se me vinieron a la cabeza muchos casos, entre los cuales voy a mencionar ahora sólo dos porque creo que son muy claros.

El primero es Pablo Lescano, uno de los “creadores” de la cumbia villera. En los últimos años, Lescano construyó sin gran prisa pero con solidez un cierto aura de “capo” en el tema. Parece que cuando una banda quiere hacer un tema con aires de cumbia, no hay nada mejor que llamarlo a él, para que opine en la producción o para que toque su famoso teclado. Los Fabulosos Cadillacs, por ejemplo, contaron con su participación en el tema “Padre Nuestro“, primer corte de difusión de su regreso a la escena luego de más de seis años.

El segundo es Jorge Serrano, el “genio” detrás de los Auténticos Decadentes. Una persona que ha venido obteniendo un reconocimiento cada vez más grande. Primero, porque su canción “Un osito de peluche de Taiwán” fue elegida mejor canción del año 2008 en muchos medios. Después gracias a su incipiente carrera solista (donde, al parecer, hace música más “seria”). Por último, por una cierta pretensión de “rescate” de gemas compositivas como “Tutá Tutá” o “Vení Raquel” (juro que leí cosas así).

La cuestión es que el traspaso al ámbito de la música popular argentina,  mi cercanía cultural y personal (estoy en medio de un trabajo de investigación al respecto), me ayudó para empezar a elaborar una hipótesis. ¿Cuál es? Que para entender este tema del prestigio de ciertos personajes actuales hay que mirar mucho más atrás de lo que se podría pensar en primera instancia.

Creo que el origen del problema está ni más ni menos que en el desarrollo del rock hacia fines de los sesenta y principios de los setenta. Porque fue el rock el que demostró -como ningún otro género antes- que era posible crear una música compleja y de calidad que fuera al mismo tiempo profundamente popular. Y con “profundamente popular” me refiero tanto a una música de tradición popular (que se contrapone a aquella de tradición clásica) como a una popular music, es decir, una música de aceptación masiva.

El problema es que el rock siguió su camino y en ese camino sus pretensiones artísticas -que formaban un criterio común en el período mencionado- mutaron o se vieron reducidas a casos y situaciones muy puntuales. Sin embargo si hubo algo que permaneció: la idea, luego el mito de que la música popular podía alcanzar alturas musicales que hasta ese entonces habían sido consideradas exclusivas de la tradición clásica.

Ese abandono y a la vez esa posibilidad aún latente -tan lejana como continua-, es en mi opinión la que explica la dinámica a través de la cuál se otorga un determinado prestigio en el medio actual. Porque es innegable que la música popular de estos días  -entendida en los dos sentidos arriba explicados- es hoy necesariamente hija de ese rock y de lo que produjo, lo que creó, aún cuando formalmente pueda no estar ni cerca suyo.  La diferencia es que ya no maneja el nivel de complejidad que el primero alguna vez tuvo, ni siquiera lo busca.  Eso no significa, claro, que no lo pretenda.

Porque sí lo pretende, porque sigue jugando con ese potencial implícito, aunque no busque realmente concretarlo. Encuentra entonces personajes como los mencionados. ¿Qué es lo que ellos tienen? Lo que tienen es oficio, es decir, prolijidad al trabajar, un buen conocimiento del lenguaje básico y, por supuesto, una gran capacidad para leer y también crear lo que el mercado va a demandar.  Cualidades todas que los prestigian. Cualidades que legitiman, a ellos y a los que los rodean. Y cualidades que son también el espejismo de lo que pudo, podría y podrá ser la música popular.

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10 May

No rompas esa guitarra

Chris Cornell es, quiero decirlo para comenzar, un tipo que tengo en alta estima.

Esa estima, sin embargo, no tiene tanto que ver con lo que sin dudas fueron sus mayores “éxitos musicales”: Soundgarden (banda que aunque me cae bien pero no me atrae demasiado) y Audioslave ( fusión sin dudas fenomenal entre la base de Rage Against The Machine y la gran voz de Cornell con resultado explosivo: una verdadera fiesta de riffs). Tiene su razón de ser, en cambio, en un disco que grabó como solista entre medio de esos dos proyectos. Se llama Euphoria Morning y, aunque es mucho menos conocido, creo que es de lejos lo mejor que hizo. Un disco con matices, pensado, trabajado, donde se intentan correr riesgos y sin embargo no deja de hacerse de la mejor manera lo que “se tiene” que hacer. Un disco, además, adonde la voz de Chris Cornell aparece mejor que nunca, con líneas melódicas bien armadas y mejor ejecutadas aún.

Quizás eso explique por qué el año pasado realmente me asusté. Por la televisión pasaron un nuevo video y, de repente, Chris Cornell había cambiado. “¿Qué pasa?” dije, mientras Chris cantaba sobre una base electrónica digna de Jay-Z. “¿Qué pasa?” repetí al ver a Chris manejar un descapotable, al ver a Chris junto a una chica -una vez más- digna de Jay-Z. Me asusté, pero bueno, lo dejé pasar. Al menos hay un cuadro de Jackson Pollock en el video, pensé.

Pasó el tiempo y hace unos días decidí finalmente escuchar el disco del cual salía ese corte. “Scream” se titula y si, dan un poco de ganas de gritar, pero no precisamente de placer.

¿Por qué? La imagen de tapa es perfecta para explicarlo. Chris Cornell, en pleno salto, está a punto de destrozar una guitarra eléctrica contra el suelo. Pero no la va a destrozar tal y como se podría pensar. No señor, porque no estamos en presencia de la clásica y rockera “muerte ritual” de la guitarra; asistimos, por el contrario, a su muerte real, concreta. Lo que la tapa anuncia es que se trata de un disco donde la guitarra -y todo lo que ella puede simbolizar- están absolutamente dejados de lado. Y vaya que es una lástima.

Bueno, dirán, pero eso no es necesariamente malo. Es aceptable y hasta elogiable que un músico intente ir más allá de los géneros. Y yo respondería: ¡claro que sí! Es más, creo que es eso lo que en parte explica que me guste tanto Euphoria Morning. Ahora bien, sepan disculpar si creo que en este caso Chris realmente pifió el camino.

Porque para salirse un poco del rock no se le ocurrió mejor idea que salirse del todo e irse a trabajar junto a Timbaland. ¿De quien estamos hablando? No es un parque de diversiones en Disney, no es una marca de ropa (aunque capaz tiene algo que ver, todo es posible en el mundo de los negocios), es un productor de música. Mejor dicho, uno de los varios productores estadounidenses que, salidos del mundo del hip-hop, aprovecharon su fortuna para pegar el estirón y producir… más hip-hop.

Parte de una élite junto a Pharrell Williams (fundador de N.E.R.D.) y P. Diddy (o como quiera que se llame al día de la fecha), Timbaland tiene en su haber éxitos de Missy Elliott, Jay-Z, Ludacris pero también de Ashlee Simpson y Justin Timberlake. Un verdadero prontuario, con una pequeña excepción: su colaboración en tres temas de Volta, último disco de Björk.

¿El resultado?

Resultado uno, el musical: un disco en el cual Timbaland y Chris Cornell, en intensa colaboración, básicamente se las arreglan para crear una música chata, repetitiva y sin ningún tipo de emoción (justamente uno de los méritos más grandes de Cornell como cantante). Imposible de escuchar entero en estado consciente, Scream es un grito a la música, un grito para que aparezca de una buena vez, porque no se sabe dónde la escondieron.

Resultado dos, el que más me preocupa: un disco que sólo sirve para acrecentar el prestigio que éstas figuras como Timbaland, musicalmente tan poco interesantes, tienen dentro del medio yanqui. Creo que es una pregunta interesante para hacerse: ¿cómo es posible que tipos así sean tan reconocidos?. Por supuesto que hay una cuestión de dinero. Pero eso no es todo, como lo demuestra este disco, porque si hay algo que Chris no debe tener son problemas monetarios.

Resultado tres y final: un disco en el cuál Chris Cornell da un verdadero paso en falso. Yo propongo perdonarlo, hibernando con Euphoria Morning a la espera de un nuevo verano musical de Chris.

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06 May

Un comienzo

Escribir un texto para “dar comienzo” a este blog se ha vuelto una tarea más lenta de lo que todos esperábamos.
Me quise hacer cargo (o me hicieron hacer cargo, no sé) y se me hizo cuesta arriba. Pero finalmente escribí algo y, con todas mis dudas, se los mandé a los demás.
La respuesta vino del lado de Francisco y en forma de un nuevo escrito. Ahora sí, todo marcha fantástico, pensé, exceptuando un pequeño asunto: ¡su escrito era totalmente distinto al mío!
Entonces caí en la cuenta. No sabemos bien como empezar, no se nos ocurre lo mismo, pues bien, vamos a usar ese defecto a nuestro favor. Que esa dificultad sea nuestro punto de partida.
Este no es un blog con un plan definido ni con una dinámica preestablecida. Porque quizá nos atraen muchos sonidos distintos, muchas propuestas diferentes. Pero descubrimos que todos compartimos un mismo interés por pensar la música. Y de ahí, hacia delante.
Así que sin muchos más preámbulos, voy a tomarme el permiso de ser quien comience. Esta es, simplemente, mi forma de entrar a este blog:

Escuchamos voces.
Todo el día, a toda hora, escuchamos voces.
Voces graves y agudas, voces lejanas y cercanas; voces en nuestra cabeza, que suenan sin cesar.
Vivimos rodeados de voces. Sin embargo, o quizás justamente por ello, no les solemos prestar demasiada atención.
Escuchamos voces, sí, pero nos pasan desapercibidas.

Este espacio es un intento de ir precisamente contra esa costumbre. Un intento de escuchar con oídos abiertos, de entender críticamente y de construir, en nuestra medida, un mayor conocimiento sobre todos esos sonidos que andan dando vuelta.

Escuchamos voces: a veces nos convocan, fascinan e intrigan y otras veces nos enfurecen e indignan.
Todas tienen la capacidad de interpelarnos y de abrir nuevos terrenos para la reflexión.

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