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08 Jun

Diferentes conceptos de música popular

Uno de los temas de los que nos interesa hablar en este blog es de la música popular. Ya desde antes de abrirlo venimos discutiendo acerca de qué es la música popular y cómo la entendemos nosotros. De nuestras charlas, entre muchas cosas interesantes que dijimos, llegamos a la conclusión de que hay varios conceptos distintos de música popular. La idea de este breve artículo es sistematizar esas ideas, como base para futuras discusiones.

Música popular como música masiva

Música de difusión masiva

Música de difusión masiva

La primera y más sencilla de las acepciones de la música popular, es la que la piensa como música de difusión y consumo masivo. Según esta perspectiva, la popularidad de una obra musical puede ser medida generalmente en términos de ventas. También hay otras formas de difusión que eludirían el tema de la “venta”, como puede ser la descarga por internet, los conciertos en vivo, etc. Pero más allá de eso, este concepto de música popular es de caracter cuantitativo.

También según este concepto, la música popular se podría diferenciar de la “música de culto” (aquella que es “cultivada” por pequeños grupos de aficionados) u otros tipos de música que por distintas razones no sean cuantitativamente tan populares.

Música popular como música no escrita

Otra de las definiciones de música popular, quizás la más técnica y más estrictamente musical, es aquella que la distingue de la música de tradición escrita europea. En este sentido, hay toda una serie de condiciones de producción y ejecución muy significativas que diferencian al rock, el jazz o la cumbia, de la “música clásica” o “música de cámara”.

Desde esta perspectiva más musical, posiblemente se podrían establecer diversos matices o distinciones internas. Por ejemplo, el factor de la improvisación es clave en el jazz pero no en el rock. Otro tema a pensar es qué pasa cuando las obras de un artista de música popular adquieren tal complejidad que deja de ser factible su interpretación en público. Esto sucedió con los Beatles a partir de Rubber Soul y Revolver, como nos recordaba un artículo de Diego Fischerman. Este aspecto técnico/musical del concepto de música popular es el que nos lleva a pensar la relación (en algunos casos de contraposición) entre ella y la música clásica.

Música popular como música del pueblo

Every day I've got the blues

Every day I've got the blues

Por último, la relación de la música con su contexto social nos lleva a pensar en la idea de la música popular como música del pueblo. Hay un primer problema que es evidente: ¿qué es el pueblo?. Si pensamos al pueblo como el conjunto de los miembros de la sociedad, el concepto se acerca más a la idea de música masiva. Pero también está la acepción de pueblo como los miembros de las clases más bajas. Aquí llegamos al complejo problema de la relación entre cultura popular y cultura de élite.

En este punto hay dos elementos básicos a tener en cuenta: productor y consumidor. ¿La música del pueblo es aquella producida por el pueblo (por artistas miembros de las clases bajas) o consumida por él?. Ambas definiciones podrían ser válidas, lo mismo que las otras dos acepciones de música popular que vimos más arriba.

Entre la música de producción popular podríamos ver a las bandas de cumbia villera, surgidas de un entorno popular se constituyen en representantes de la cultura popular y expresan una serie de códigos, experiencias, problemas compartidos por las clases populares. También podríamos pensar en los primeros jazzistas y bluseros provenientes de las filas de afroamericanos pobres de Estados Unidos. En ambos casos, la música generada por las clases bajas fue acogida por las altas e incluso apropiada.

En cuanto a la música de consumo popular podríamos pensar muchos otros ejemplos, de artistas de rock o pop, que surgidos de la clase media o la clase alta, tienen una llegada particularmente significativa en las clases populares. Por ejemplo, el guitarrista Skay Beilinson es miembro de una familia bastante acomodada, y sin embargo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota es una banda de gran llegada popular.

Polisemia, madre del sincretismo semántico

Estas múltiples acepciones del concepto de música popular conviven en él, en constante relación. Como en un conventillo de sentidos, estas ideas se relacionan promiscuamente y dan a luz a ciertas confusiones. Muchas veces cuando discutimos cuestiones de música popular mezclamos estas ideas, porque ellas mismas aparecen mezcladas en la realidad. Los Redondos puede ser un caso de música de consumo popular, así como de música no escrita y masiva. No hay mucha dificultad en reconocer a la de esa banda como música popular. El tema se hace más complejo cuando se intenta analizar un caso de alguna banda que no cumple los requisitos de los tres conceptos. Por ejemplo, una desconocida banda de rock barrial puede ser música no escrita y de producción popular, pero no sería masiva. Por otro lado, el tango tiene orígenes claramente populares, pero algunos de sus representantes como Piazzola se han acercado a las condiciones de producción de la tradición escrita europea y a pesar de su increible (y merecida) difusión, probablemente no tenga mucha acogida entre las clases populares.

Estamos ante un tema complejo y muy interesante. No creo que ninguna de las definiciones aquí expuestas sea más válida que las demás. Mi intención era, fundamentalmente, explicitarlas para que las tengamos en cuenta en nuestras futuras discusiones, y nos aseguremos de estar hablando de lo mismo cuando hablamos de “música popular”.

02 Jun

Música en el Bicentenario, parte 2

Pablo LescanoAl leer este post, publicado hace unos días, mi hermana comentó:

lo que no escuche fue ni regeton ni cumbia, hubo discriminacion?? esto no es musica popular tambien? o masiva?

Esto me puso a pensar. En primer lugar, deseché el tema del “reguetón” o “reggaeton”, porque creo que es un género demasiado nuevo, por lo menos en estas costas, como para ser considerado dentro del acervo musical popular argentino. Acaba de salir el nuevo disco de Andrés Calamaro en el que el corte difusión cuenta con una participación de René Pérez Joglar (más conocido por su apodo «Residente») de Calle 13, y parece que el género reguetón está pisando fuerte en nuestro país, pero un análisis del mismo en el contexto del Bicentenario requeriría de la presencia de una producción local más abundante.
Ahora bien, en el caso de la cumbia, sí estuvo presente en el Paseo del Bicentenario, aunque es cierto que un tanto marginalmente en los escenarios secundarios (creo que sólo Los Palmeras tocaron en el “Escenario Federal” por la provincia de Santa Fé). Lo que faltó, en todo caso, fue la cumbia villera. Reflexionando acerca de esta situación, se me ocurrió que tal vez la ausencia de cumbia villera y de otro sub-género, el que se conoce habitualmente como “rock chabón”, se debía a una decisión política por parte de los organizadores de los espectáculos del Bicentenario. El gobierno nacional, desde la llegada al poder de Néstor Kirchner, se identificó con lo que se ha dado en llamar “el espíritu setentista”. El término es vago, pero en materia cultural creo que significa rescatar la producción de artistas que adquirieron prestigio (siguiendo la idea de Julián) durante la década de 1970 (un prestigio que les fue otorgado principalmente por la izquierda nacional e internacional), y otros artistas, herederos en cierta forma de la tradición del rock nacional de los ’70, también asociados con el retorno de la democracia y la Primavera Alfonsinista.

JP
Salvo escasas excepciones (Kapanga, Karamelo Santo, bandas más asociadas si se quiere a un estilo latinoamericano), faltaron en el cronograma del Bicentenario músicos que hayan alcanzado masividad durante los ’90. Más precisamente, músicos de géneros como la cumbia villera o el rock chabón. Me parece que en algún lugar no explicitado se asocian estos géneros de los ’90 al neoliberalismo, al menemismo, al desmantelamiento del Estado y la desarticulación de la sociedad. No porque la cumbia villera o el rock chabón se inscriban ideológicamente en el neoliberalismo, sino porque sus letras y contextos conforman una expresión bastante cabal de las consecuencias de las políticas sociales y económicas aplicadas por el menemismo (políticas arrastradas desde la dictadura del ’76, vale aclarar).
Tengo la idea y la sensación que los organizadores del Bicentenario, imbuídos en el “espíritu setentista”, dejaron afuera adrede estas expresiones musicales que ponen en primer plano todo lo que significó la década del ’90, como queriendo hacer un corte: el rock nacional, la música popular que reivindicamos, llega hasta los ’80; lo que vino después es digno de olvidarse y no puede formar parte del proyecto de país que proponemos.
Si ése es el caso, debo decir que estoy de acuerdo con superar el modelo neoliberal, pero nunca se pueden hacer a un lado expresiones populares, por más asociadas que estén a situaciones que no nos gustan, más si reflejan contextos que todavía existen.

27 May

En busca del tesoro perdido

En un post anterior mencionaba una serie de figuras del medio musical estadounidense como Timbaland, Pharrell Williams y P.Diddy. Lo que me llamaba la atención era el prestigio que éstos personajes tienen dentro de ese espacio. Prestigio que, más allá de sus méritos comerciales, pareciera responder a criterios musicales. ¿Cuáles son esos criterios? ¿Cómo funciona el medio que los crea? Sentía que había una lógica que se me escapaba.

Entonces estuve pensando y lo primero que descubrí, hace unos días, es que esa dinámica no es en absoluto exclusiva del mercado yanqui. En cuanto lo pensé se me vinieron a la cabeza muchos casos, entre los cuales voy a mencionar ahora sólo dos porque creo que son muy claros.

El primero es Pablo Lescano, uno de los “creadores” de la cumbia villera. En los últimos años, Lescano construyó sin gran prisa pero con solidez un cierto aura de “capo” en el tema. Parece que cuando una banda quiere hacer un tema con aires de cumbia, no hay nada mejor que llamarlo a él, para que opine en la producción o para que toque su famoso teclado. Los Fabulosos Cadillacs, por ejemplo, contaron con su participación en el tema “Padre Nuestro“, primer corte de difusión de su regreso a la escena luego de más de seis años.

El segundo es Jorge Serrano, el “genio” detrás de los Auténticos Decadentes. Una persona que ha venido obteniendo un reconocimiento cada vez más grande. Primero, porque su canción “Un osito de peluche de Taiwán” fue elegida mejor canción del año 2008 en muchos medios. Después gracias a su incipiente carrera solista (donde, al parecer, hace música más “seria”). Por último, por una cierta pretensión de “rescate” de gemas compositivas como “Tutá Tutá” o “Vení Raquel” (juro que leí cosas así).

La cuestión es que el traspaso al ámbito de la música popular argentina,  mi cercanía cultural y personal (estoy en medio de un trabajo de investigación al respecto), me ayudó para empezar a elaborar una hipótesis. ¿Cuál es? Que para entender este tema del prestigio de ciertos personajes actuales hay que mirar mucho más atrás de lo que se podría pensar en primera instancia.

Creo que el origen del problema está ni más ni menos que en el desarrollo del rock hacia fines de los sesenta y principios de los setenta. Porque fue el rock el que demostró -como ningún otro género antes- que era posible crear una música compleja y de calidad que fuera al mismo tiempo profundamente popular. Y con “profundamente popular” me refiero tanto a una música de tradición popular (que se contrapone a aquella de tradición clásica) como a una popular music, es decir, una música de aceptación masiva.

El problema es que el rock siguió su camino y en ese camino sus pretensiones artísticas -que formaban un criterio común en el período mencionado- mutaron o se vieron reducidas a casos y situaciones muy puntuales. Sin embargo si hubo algo que permaneció: la idea, luego el mito de que la música popular podía alcanzar alturas musicales que hasta ese entonces habían sido consideradas exclusivas de la tradición clásica.

Ese abandono y a la vez esa posibilidad aún latente -tan lejana como continua-, es en mi opinión la que explica la dinámica a través de la cuál se otorga un determinado prestigio en el medio actual. Porque es innegable que la música popular de estos días  -entendida en los dos sentidos arriba explicados- es hoy necesariamente hija de ese rock y de lo que produjo, lo que creó, aún cuando formalmente pueda no estar ni cerca suyo.  La diferencia es que ya no maneja el nivel de complejidad que el primero alguna vez tuvo, ni siquiera lo busca.  Eso no significa, claro, que no lo pretenda.

Porque sí lo pretende, porque sigue jugando con ese potencial implícito, aunque no busque realmente concretarlo. Encuentra entonces personajes como los mencionados. ¿Qué es lo que ellos tienen? Lo que tienen es oficio, es decir, prolijidad al trabajar, un buen conocimiento del lenguaje básico y, por supuesto, una gran capacidad para leer y también crear lo que el mercado va a demandar.  Cualidades todas que los prestigian. Cualidades que legitiman, a ellos y a los que los rodean. Y cualidades que son también el espejismo de lo que pudo, podría y podrá ser la música popular.

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19 May

Música en el Bicentenario

Perdón, el post pretende ser serio, pero no puedo evitar el chiste...

Acabo de recibir por mail el cronograma de actividades que se realizarán durante el próximo fin de semana con motivo de los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Este cronograma no es más que la copia del que se puede ver aquí.

Luego de releer el cronograma tres veces, caí en la cuenta de una característica curiosa (y al mismo tiempo obvia, a mi entender) de estas actividades organizadas por el Estado: más de la mitad involucran espectáculos musicales.

El primer día, el viernes 21 de mayo, se organiza un “homenaje a los 40 años del rock nacional”. Este evento abre los festejos de forma oficial. Hay que tener en cuenta que sólo se homenajea a un estilo musical dentro del espectro de la música popular nacional (no nacional y popular, je). No hay un homenaje a la música del litoral, por ejemplo, ni siquiera al tango.

El sábado 22 se realizará un “Desfile Federal”. Cada provincia desfilará mostrando alguna característica que le es propia. En general se trata de desfiles que apelan a la tradición: según informa el cronograma, “Jujuy marchará con un rebaño de llamas; por Santiago del Estero, habrá gauchos a caballo”. Ahora bien, “Córdoba presentará grupos de cuarteto”. En este caso la música popular está presente y es puesta en el ámbito de la tradición, una tradición quizás más espontánea y democrática que las llamas o los gauchos.

El mismo día más tarde habrá un recital de música latinoamericana en el que participarán León Gieco, Jaime Roos, Gilberto Gil, Pablo Milanés y la cantante colombiana Toto la Momposina. Nuevamente, la música latinoamericana es representada por artistas populares que no están relacionados, por lo menos en forma directa, con lo que comúnmente se entiende por folclore o música tradicional de un país o una región (desconzco la obra de Toto la Momposina, por lo que este comentario la excluye).

Para el Domingo 23, el cronograma nos ofrece un espectáculo de tango y folclore en el que participarán Soledad Pastorutti, Gustavo Santaolalla, Victor Heredia, Teresa Parodi, Liliana Herrero y Peteco Carabajal. Aquí el folclore nacional tal vez esté representado por todos los músicos, menos Gustavo Santaolalla. Sin embargo, la música que habitualmente interpretan estos artistas en sus repertorios se corre un poco del folclore más tradicional, y tiene tintes que los acercan a las generaciones contemporáneas, como puede ser la incorporación de instrumentos eléctricos o la estructura pop de las canciones. En el caso particular de Santaolalla, asumo que estará allí como representante del tango, pero de un tango aggiornado al siglo XXI compuesto con samplers de pro-tools.

El lunes 24 se jugará el último partido de la Selección Argentina antes del Mundial. Allí el Himno Nacional será interpretado por el ex-cantante de Los Piojos, Andrés Ciro Martínez. Luego la Orquesta Sinfónica Nacional interpretará música de películas en un homenaje al cine argentino.
El 25 de mayo, el cierre de las festividades será un recital que estará a cargo de Fito Páez.

A la par de todas estas actividades, se desarrollarán en escenarios secundarios otros espectáculos en los que actuarán Abel Pintos, los Tekis y Juan Falú.

Hace 100 años, en 1910, los ejes de las festividades pasaron por otros carriles. Por ejemplo, se construyeron diferentes pabellones en diferentes puntos de la ciudad que exaltaban los logros de la Argentina Moderna en el campo de la Artes, la Industria, la Agricultura, etc. (las Artes se referían a la plástica; de la música no tengo referencias). En ese entonces se discutía acaloradamente el problema de la argentinidad: ¿Cuáles eran las características de lo argentino? ¿Cuál era nuestra tradición? De aquel proyecto de país nos queda hoy como símbolo el Teatro Colón, que se reabrirá el 24, paradigma de los logros que la gestión macrista tiene en la ciudad. En ese evento el público en general podrá apreciar desde afuera las maravillosas imágenes que serán proyectadas sobre la fachada.

De todas maneras es evidente que en estos cien años la música popular conquistó una preeminencia que la hace protagonista de los actuales festejos del Bicentenario. Creo que más allá de que el actual gobierno se autodenomine “nacional y popular”, la música popular debía estar presente en este momento. Y lo interesante del caso, me parece, es que la música popular aquí no se remite solamente al tango y al folclore, que hoy en día significan la tradición (que, como sabemos, puede ser creada, artificial), sino que los artistas convocados son, a mi entender, auténticamente populares, la mayoría de ellos provenientes del palo del rock, o cercanos a él, un género que en Argentina tiene una “tradición” de apenas 40 años.

11 May

La música como fuente

Durante años los historiadores basaron sus estudios en el análisis de documentos escritos. De hecho, se pensaba que la Historia no podía ser concebida sin la existencia de fuentes escritas. Los artefactos quedaban para los anticuarios o arqueólogos, las narraciones orales y otro tipo de expresiones no escritas para los folkloristas o etnólogos.

Sin embargo, a fines del siglo XIX comenzó a producirse un fenómeno que hoy conocemos como cultura masiva. La difusión de la prensa y los avances tecnológicos asociados a los medios de comunicación (la fotografía, el cine, la radio…) permitió a amplios sectores de la población el acceso a bienes culturales, antes restringidos a las elites. De esta manera, el arte y la cultura entraron definitivamente en la lógica (dialéctica?) capitalista a través de lo que Adorno y Horkheimer llamaron industrias culturales. La discusión generada por los pensadores de la Escuela de Frankfurt en torno a dichas industrias culturales fue larga y repleta de matices.

La Historia no pudo hacer oídos sordos a estos fenómenos. Desde hace algunas décadas los estudios culturales utilizan como fuente las imágenes, tanto fotografías como cine, así como la publicidad y las historietas. Sin embargo, los registros sonoros como fuente histórica tienen hasta la actualidad un rol secundario.

Los libros de Historia sobre música popular pueden parecer abundantes. Sin embargo, la mayor parte están escritos por los mismos músicos, periodistas, biógrafos, coleccionistas o historiadores amateurs. Sin desmerecer la calidad y el valor de la mayoría de estos trabajos, es difícil encontrar aquellos que profundizan su análisis en los aspectos sociales, económicos y, en definitiva, históricos.

Me gustaría proponer este espacio como nodo en el cual converjan ideas y discusiones sobre la música popular en su contexto histórico, así como información acerca de libros, artículos, ensayos, etc. , que utilicen a la música como fuente histórica.